Los grandes riesgos de convocar un evento

El desarrollo en grupo de actividades al aire libre y en la montaña es una faceta que cobra un especial protagonismo en el geocaching a través de la figura de los eventos. Cualquier geocacher, de la misma manera en que puede publicar un caché, puede también convocar un evento en la fecha y lugar que haya seleccionado y con un contenido por él determinado previamente. Este evento se publica en www.geocaching.com y, desde ese momento, cualquier persona puede apuntarse y acudir al mismo para disfrutar de una agradable jornada junto a otros compañeros de actividad.

Sin embargo, lo que se concibe inicialmente como una divertida actividad en la naturaleza podría convertirse en un auténtico infierno jurídico para el convocante en el caso de que, durante el desarrollo de la misma, se produjera por cualquier circunstancia un daño personal o patrimonial generador de responsabilidad civil, o incluso penal, pues la jurisprudencia de nuestros tribunales le haría, en muchos casos, responsable del mismo y a responder con su patrimonio de las posibles indemnizaciones por daños y perjuicios a terceros que se generasen.

El artículo 1902 del Código Civil establece la regulación básica de la responsabilidad civil extracontractual, que es la que se genera en base a una relación no derivada de un contrato, como podría ser la que se establece entre el organizador de un evento y sus asistentes. Este artículo dice que “el que por acción u omisión causa daño a otro, interviniendo culpa o negligencia, está obligado a reparar el daño causado”. Para saber cuándo una persona ha actuado sin culpa o negligencia se acude a una obsoleta figura jurídica como es la de haber actuado “con la diligencia propia de un buen padre de familia”, lo que la jurisprudencia y la doctrina han perfilado como el nivel de diligencia, cuidado y previsión propios de una persona media con los conocimientos y experiencia que, en ese momento, tenía el posible responsable civil.

No cabe duda que cualquier actividad desarrollada en la naturaleza, como puede ser un evento de geocaching, no está exenta de riesgos y que quien decide participar en ellas debe conocerlos y asumirlos, adoptando las medidas necesarias para minimizarlos en su desarrollo. Así lo estableció el Tribunal Supremo en su Sentencia de 22 de octubre de 1992 al señalar, respecto a actividades deportivas en general, que “la idea del riesgo que cada uno de ellos [deportes] pueda implicar –roturas de ligamentos, fracturas óseas, etc…-, va ínsita en los mismos y consiguientemente quienes a su ejercicio se dedican lo asumen, siempre claro es que las conductas de los partícipes no se salgan de los límites normales ya que de ser así podrían incluso entrar en el ámbito de las conductas delictivas dolosas o culposas”.

La Audiencia Provincial de Huesca fue incluso un paso más allá en su Sentencia de 19 de Octubre de 2004, al establecer que la asunción del riesgo por parte del deportista se produce “por muy acompañado que se vaya con un guía, que viene obligado a minimizar los riesgos pero que nada puede hacer para neutralizarlos completamente desde el momento en que el deportista decide adentrarse en el cauce del barranco, que por su propia naturaleza en un medio poco hospitalario”.

Pese a esta contundente declaración jurisprudencial por la cual cada geocacher debería convertirse en responsable de los riesgos que asume de forma voluntaria en un evento, sería absurdo e ingenuo interpretarla literalmente y de forma absoluta en cualquier caso, pues podría generar situaciones en las que un geocacher se viera responsabilizado de unos daños derivados de una actitud negligente por parte de aquella persona que organiza la actividad, lo que produciría una clara ilegalidad al ir en contra del ya comentado artículo 1902 del Código Civil.

La jurisprudencia de nuestros tribunales ha establecido, por estos motivos, que en cualquier grupo que realiza una excursión por la montaña, siempre existe una persona que se convierte en el responsable legal de los demás. Con carácter general se trataría de aquel con más experiencia o conocimientos en este tipo de actividades, pero también lo sería aquel que, por ser el organizador de la salida, se hubiera convertido en la figura jurídica denominada “guía benévolo”, cuya definición encaja a la perfección con la del organizador de un evento de geocaching en muchos casos, pues se trata de la persona que asume la función de guía sin poseer un título que le acredite para ello y sin relación contractual con el resto de participantes, es decir, sin percibir una remuneración económica por su actividad, lidera el grupo y toma las decisiones durante la actividad.

La responsabilidad del guía benévolo, como la del conductor de un vehículo a motor (por poner otro ejemplo con el que todos estamos más familiarizados), es absolutamente irrenunciable. De esta manera cualquier cláusula que se incluyera en la convocatoria de un evento, o que se hiciera firmar a los asistentes al mismo, por la cual se eximiera al organizador de toda responsabilidad transmitiéndosela a ellos, seria nula de pleno derecho y no tendría ningún efecto legal en un eventual juicio. Es más, podría llegar a perjudicar al responsable que la ha establecido o ha hecho firmar esa cláusula al poderse interpretar su intención previa de no adoptar la diligencia mínima que se le exige como organizador.

Analizando la figura del guía benévolo, cuya existencia reconozco que desconocía hasta que he estudiado un poco el tema, podemos imaginar fácilmente situaciones tremendamente injustas en cualquier paseo por la montaña. Por ejemplo, si dos amigos acuerdan realizar un paseo juntos por la montaña para buscar un caché y uno de ellos tiene más experiencia que el otro o, simplemente, utiliza un GPS mientras que su acompañante no, por confiar en la mayor pericia del primero, aquel debería actuar con extrema diligencia para evitar la producción de cualquier daño físico o patrimonial en su compañero, pues de otra manera incurría en responsabilidad civil que podría acarrear una indemnización por daños y perjuicios. De esta manera, sería él quien tendría que estudiar previamente las condiciones climatológicas durante la excursión para evitar que una intensa nevada durante la misma pudiera poner en riesgo a su amigo; sería él quién tendría que asegurarse del correcto estado de las instalaciones por las que van a transitar; sería él quien tendría que seleccionar una ruta sin riesgo hasta el caché y, por supuesto, en caso de accidente, sería él quién tendría que emprender diligentemente todas las actuaciones necesarias para que no se pudiera reclamar posteriormente su responsabilidad civil como guía benévolo.

La buena noticia es que en estos casos, el seguro de responsabilidad civil que incluye toda licencia expedida por las distintas federaciones de montaña de las Comunidades Autónomas, cubren las posibles indemnizaciones originadas. La mala noticia es que no lo hacen en el caso de que el responsable civil lo sea por ser el organizador de una actividad convocada, por ejemplo, en las redes sociales como podría ser geocaching.com, en cuyo caso, debería responder con su patrimonio presente y futuro de las indemnizaciones generadas, con la salvedad de que hubiera contratado un seguro de responsabilidad civil específico para la actividad en cuestión. El precio de estas pólizas de seguro, por lo que he visto, oscilan entre los 5 y los 10 euros por asistente.

Y es en este punto donde me surgen algunas incógnitas. ¿Estaría preparada la comunidad geocacher española para que el organizador de un evento le exigiera a los asistentes al mismo abonar el importe de un seguro de responsabilidad civil como requisito previo e indispensable para participar en él? Intuyo que exigirlo en nuestro país tendría un impacto mucho más negativo que el que pudiera tenerlo, por ejemplo, en Estados Unidos, donde están más acostumbrados que nosotros a contratar seguros privados. Incluso voy un paso más allá: ¿Permitiría Groundspeak y sus revisores que, en el listing de un evento, se estableciera el mecanismo para contratar este seguro antes de realizar el will attend, por ejemplo dando un número de cuenta bancaria para realizar el ingreso del importe del mismo? Por mi parte, no pienso convocar ni un solo evento más sin al menos intentarlo, pues las consecuencias económicas de un accidente durante el mismo podrían ser muy grandes en caso contrario.

¿Y tú? ¿Estarías dispuesto a tener que contratar un seguro de responsabilidad civil para asistir a un evento de geocaching?