Primer certamen literario Geocacheando El Mundo – El último caché del mundo

Tras los primeros relatos presentados al “Primer Certamen Literario Geocacheando El Mundo” que puedes leer y votar en los siguientes enlaces:

FAVORITO

DNF

ha llegado fuera de plazo un nuevo relato para el certamen que, como caso excepcional, la organización ha considerado oportuno admitir en el concurso. Con todos ustedes: “El último caché del mundo”:

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-¿Está todo listo?- pregunté aburrido.

-Sí, todo preparado, Capitán – respondió Mark. Tres años y aún me sorprendía su voz, quizá demasiado aguda para sus casi dos metros diez de envergadura.

-Levad anclas, muchachos. A ver si con algo de suerte podemos salir del puerto antes de que anochezca – y, dicho eso, me encerré en mi camarote. Confiaba plenamente en ellos, al fin y al cabo, un equipo así no se logra formar de la noche a la mañana. Además, era mucho mejor si conseguía descansar un poco y tratar de estar fresco para el día siguiente…

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De golpe, me vi transportado a aquellos primeros años. Imágenes fugaces, bellos recuerdos de cómo nos sorprendíamos cuando veíamos un camuflaje especial por primera vez, o resolvíamos un tipo de mystery con una técnica novedosa o afrontábamos un cartucho con la esperanza de que no se colgara cuando estuviéramos llegando al final…

Pero esos tiempos pasaron. Igual que la gente que compartía ese camino. Pioneros, en su mayor parte, que dejaron de lado este hobby cuando se profesionalizó… cuando, en cuestión de meses, se convirtió en una cuestión de orgullo nacional.

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¡TOC, TOC, TOC, TOC!

-¿Capitán?

Abrí los ojos y miré el reloj, las tres de la madrugada… ¿Qué podía estar pasando?

-¿Capitán? – volvió a insistir la voz, que ahora reconocí como la de Mark.

– Sí, Mark, estoy despierto. Dame un segundo.- Me levanté y abrí la puerta, dejando que Mark entrara. – Siéntate y dime. ¿Va todo bien?

Por algún motivo Mark parecía estar azorado. Creo que en el tiempo que nos conocíamos nunca lo había visto así.

– Capi…

– ¿Sí?

– Vamos camino de las coordenadas acordadas. No tuvimos problemas para salir del puerto y parece que en el pasaje nadie sospecha nada…

– Esa era la idea, ¿no, Mark? Montar este crucero para firmar “los geocachés más alejados de tierra firme del planeta” es una excusa perfecta para que nos acerquemos por allí sin levantar sospechas. Fue tu idea, al fin y al cabo- lo miré fijamente, sin entender muy bien qué quería decir con todo aquello.

– Lo sé Capi… pero hay algo que no termina de ir del todo bien. No puedo sacudirme una sensación extraña de encima. Usted sabe tan bien como yo que lo que intentamos hacer es arriesgado, como poco- mientras hablaba su mirada rehuía la mía, como si quisiera evitar que adivinara sus verdaderos motivos.

– Sí, Mark, pero acordamos que era lo mejor. Un último gesto para recordar el antiguo espíritu de este hobby. Un hobby que nació con vocación de romper barreras y de unirnos, no de iniciar guerras por un estúpido bote de plástico… No es nuestra culpa que a los países se les fuera de las manos todo esto en su ansia por competir entre ellos- y vaya si se les fue, tras el estallido de más de diez conflictos armados por cuestiones territoriales derivadas del intento de cada país de esconder los más cachés posibles a “su nombre”, la ONU tuvo que tomar cartas en el asunto y distribuir la totalidad de la superficie del planeta (océanos incluidos) para evitar que todo fuera a más.

– Ya, Capi… Pero ahora las cosas están más calmadas. La presión de esconder cachés se ha desplazado a la Luna y a Marte… Incluso ya hay gente hablando de lanzar expediciones al cinturón de asteroides. La Tierra está ahora más tranquila, en un equilibrio un poco incierto, vale, pero en un equilibrio al fin y al cabo… – me miró con ojos suplicantes, lo que me inquietó mucho viniendo de un individuo de su tamaño.

– ¿Y cómo crees que puede afectar nuestra iniciativa a ese equilibrio? En el fondo no estamos decantándonos por nadie con una jugada así, ¿no crees?

– Capi, para usted no es igual, usted ha vivido alejado de los conflictos. Encerrado en su laboratorio de investigación… Para usted esto es un mero ejercicio científico. Progreso, si quiere llamarlo así. Por desgracia, hay gente ahí fuera que no lo entendería de esa forma. Ya se escondió el último caché que podía esconderse en la Tierra. Se supone que no hay hueco para más y la ONU se encargó del reparto- su voz pareció ganar algo de confianza, mientras que su cara reflejaba el dolor de la experiencia. Es cierto que su infancia había estado marcada por la época expansionista del Geocaching. A veces se me olvidaban los años que nos separaban.

– Pero Mark, esto ya lo hemos hablado antes. No es culpa nuestra que la ONU no tuviera en cuenta que la Tierra no es una esfera perfecta a la hora de hacer su reparto…y mucho menos que diera la casualidad de que eso dejaba un único hueco en todo el planeta. Lo encontramos nosotros por mera serendipia y es cuestión de tiempo que otros lo encuentren- Esta conversación se había repetido dos veces en los tres años que llevábamos trabajando juntos. La primera vez, cuando trataba de convencerle para que se uniera a mi expedición. La segunda, unos escasos meses atrás, cuando solicitamos los permisos para el “Tour de lujo” que habíamos organizado.

– Tiene razón, Capitán, como siempre… Siento no poder evitar preocuparme- su actitud cambió y pareció resignarse, como las otras veces.- Debería dejarle dormir, mañana será un día importante. Sepa que todo está preparado según sus instrucciones.

– Gracias, Mark- se levantó para marcharse pero le paré antes de que pudiera abandonar el camarote. – Sabes que esto es algo que no habría podido lograr yo solo. El trabajo que hemos hecho todos como equipo ha sido excepcional y, gracias a ti y a tu colaboración, mañana será un día que quedará grabado en la historia. Mañana aparecerá un caché en el mapa que escapará al control de los gobiernos del mundo. Un caché por y para la ciencia, la cordura, el progreso… Toda la humanidad estará representada mañana cuando sumerjamos el último caché de la Tierra- y dicho eso, Mark abandonó el camarote.

Cerré la puerta y volví a acostarme. Repasé mentalmente el camino que nos había traído hasta aquí. Algo en la conversación con Mark me había dejado preocupado, más de lo que querría admitir. Tardé un rato en volver a coger el sueño, pero una vez que llegó no fue tan reparador como antes.

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Ahora no soñaba con imágenes felices sino con angustiosos titulares de periódicos. Cómo la geopolítica se había ido modificando por el Geocaching. Nuevos países habían surgido, mientras que otros habían estallado en mil pedazos. Incertidumbre, miedo, la aparición de fronteras que hacía tiempo que estaban olvidadas. Y detrás de todo eso, como siempre, la avaricia y el ansia de poder de unos pocos, dispuestos a utilizar cualquier medio para alcanzar sus objetivos… Pero mi expedición, nuestra expedición, podía cambiar eso, ¿no? ¿Estábamos condenados a repetir los mismos errores del pasado?

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Me incorporé de golpe, sudoroso, con el corazón palpitando en mi pecho. La luz entraba perezosa por la claraboya de mi camarote. Miré el reloj y vi que no debía quedar mucho para que se hiciera necesaria mi presencia en cubierta.

Con calma, tratando de recobrar mi presencia de ánimo, me di una ducha y me puse mis mejores galas. Que el capitán tuviera baño propio con ducha era una excentricidad en un barco de este tamaño, pero no había podido evitarlo, nunca me había gustado compartir el aseo con desconocidos.

Una vez arreglado volví a comprobar el reloj. Todo perfecto, tendría el tiempo justo para pasar un momento por el restaurante a desayunar algo y luego la ceremonia sorpresa comenzaría. Estaba deseoso de ver la cara de los pasajeros cuando se dieran cuenta de que en el precio de su crucero iba incluido el ser testigos de un momento histórico con el que no contaban.

Me acerqué a la puerta, desbloqueé el pestillo y traté de abrirla. La puerta no se movió ni un ápice. ¿Se habría atascado? Era algo muy extraño. Traté de abrirla de nuevo, esta vez poniendo todo el peso de mi cuerpo en el esfuerzo. Dio igual, la puerta siguió en su sitio, impasible.

Decidí que la mejor opción era golpearla y tratar de hacer ruido para que alguien me oyera. Con la mano cerrada en un puño empecé a golpearla, con fuerza, tratando de montar el mayor escándalo posible. Si bien tener el camarote del capitán en una zona apartada del barco tenía ventajas de cara a evitar las molestias que me pudieran causar los pasajeros, en este caso tenía el inconveniente de que era mucho más improbable que nadie me escuchara.

Seguí haciendo ruido durante al menos una hora más, hasta que, agotado, decidí sentarme en la cama y esperar. Hoy era el gran día, en algún momento alguien de la tripulación se daría cuenta de mi ausencia y mandarían a buscarme. Sólo tenía que ser paciente.

Y me dormí. Tanto ejercicio me había agotado y caí inconsciente durante un rato. Me desperté al cabo de las horas, al oír un ruido fuerte en la puerta. Mientras me incorporaba vi como Mark la abría.

– Mark, amigo, por fin venís a buscarme. ¿No os habéis dado cuenta de que no estaba hasta ahora? ¿Qué ha pasado?- en ese momento me quedé mudo. Mark cerró la puerta a sus espaldas y cuando se giró vi un gesto de determinación en su rostro que conocía demasiado bien…y en la mano llevaba una pistola, con la que me estaba apuntando.

– Mark, ¿qué ocurre? No entiendo nada –traté de apartarme de la pistola, pero el camarote no era lo suficientemente grande como para ofrecerme ningún tipo de protección. Pensé en intentar refugiarme en el baño, pero por desgracia la puerta estaba junto a la salida del camarote, detrás de Mark, por lo que no me servía de nada.

– Capi, siéntese. No tiene sentido que alarguemos esto más de lo necesario. Al menos le debo eso.

– ¿De qué hablas Mark?- le pregunté mientras volvía a sentarme en la cama.

– Traté de advertírselo, hay otros agentes en juego… Hoy ha sido un día para la historia. Grandes científicos de los Estados Geocachunidos lograron encontrar un hueco y se ha escondido el último caché posible en la Tierra, para mayor gloria de los EG.

– Pero… – ¿Estados Geocachunidos? ¿Mark era un espía?

– Lo siento, Capi, de verdad. No es justo para usted y su trabajo, pero la historia debe recordar los hechos de hoy así. Así lo proclamé hace unas horas como capitán de este barco y ahora sólo queda un cabo suelto. Nada ni nadie puede contradecirnos, y le conozco demasiado bien, terminaría hablando…- levantó la pistola, despacio.

– Mark…- se oyó un disparo, y las palabras murieron en mis labios.

Noté un dolor agudo en el pecho y mientras perdía la consciencia sólo pude pensar en que, una vez más, la humanidad se traicionaba a sí misma…

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2 pensamientos en “Primer certamen literario Geocacheando El Mundo – El último caché del mundo

  1. Historia surrealista y futurista, que solo por la idea, ya se merece los 3 puntos.
    De tres relatos que acabo de leer, dos acaban con la muerte del protagonista… ¿macabra coincidencia?

    Le gusta a 1 persona

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